11 de Marzo de 2012

EL ADIÓS A UN GRANDE DEL CINE GRIEGO


El 24 de enero de este año, Grecia volvió a sufrir un duro golpe. Esta vez no se debió a la crisis económica y social que viene asolando al país, sino a la desaparición de su mayor cineasta: Theo Angelopoulos, de 76 años, ganador del León de Plata de la Mostra de Venecia y de la Palma de Oro del Festival de Cannes.

El director de El viaje de los comediantes se encontraba buscando locaciones para su próxima película, El otro mar, en la que iba a tratar la crisis financiera que atraviesa Grecia, y fue atropellado por una motocicleta al cruzar una avenida, en las proximidades del puerto del Pireo.

Nacido en 1935, en el seno de una familia de clase media de Atenas, a Angelopoulos le tocó vivir la dictadura de Metaxas, sufrió la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial, la guerra civil de 1944-1949 y la tristemente célebre “dictadura de los coroneles”, a fines de los años 60. Estudió Derecho, sin llegar nunca a obtener el título. En principio lo atrajo la literatura y publicó poemas, ensayos y cuentos. Luego de cumplir con el servicio militar, partió a Paris y se inscribió en La Sorbona para cursar Literatura, formación que tampoco completó, ya que decidió ingresar al Instituto de Altos Estudios Cinematográficos de París (IDHEC, por sus siglas en francés). De allí es expulsado al negarse a utilizar planos convencionales en el cortometraje de 16mm que filmaba, en lugar de los planos panorámicos de 360 grados que venía realizando. Luego de ser expulsado, trabajará en el Museo del Hombre, bajo la dirección de Jean Rouch, cineasta y etnógrafo, uno de los pioneros del “cine-verdad”. Durante ese período, Angelopoulus consigue finalizar el corto de 16mm que había iniciado en el IDHEC, pero al no tener dinero suficiente para retirarlo del laboratorio, nunca será exhibido.

En 1964, vuelve a Grecia y se desempeña como crítico de cine para el diario de izquierda Dimokratiki Allagh, que será cerrado en 1967 por la “dictadura de los coroneles”. El régimen de siete años marcó al cineasta y será tema, abierta o subliminalmente, de buena parte de su obra. Su estilo elíptico, carente casi de palabras, en el que la imagen prima por sobre todas las cosas, surgió en cierta medida como consecuencia de la restricciones de la época y del intento de escapar a la censura.

En 1968, después de no conseguir rodar los cortos sobre un grupo de músicos pop, realizó uno de 23 minutos, Ekpombi, nunca exhibido fuera de Grecia, en el que ya se vislumbraba el estilo del autor: utilización de tiempos muertos, de planos-secuencia y alteración del eje cronológico, con dilataciones del ritmo espacio-temporal.

Su primer largometraje Reconstrucción de un crimen (1970), filmado de forma semiclandestina, está basado en una noticia periodística sobre un hombre que fue asesinado por su esposa y el amante de ella. Se evidencia el claro paralelismo con el mito del asesinato de Agamenón en manos de Clitemnestra y Egisto. De hecho, el crimen en sí ocurre fuera de la pantalla, como habría sido representado en una antigua tragedia griega.

Con Días del 36 (1972), primera parte de una trilogía que continuó con El viaje de los comediantes (1975) –considerada su obra maestra y que le permitió ganar renombre internacional– y Los cazadores (1977), Angelopoulos comenzó una reflexión crítica sobre la historia contemporánea de Grecia, concretamente sobre el período que terminó con la “dictadura de los coroneles”. Le siguió Alejandro el Grande (1980), que ganó el León de Oro del Festival Internacional de Cine de Venecia.

Marcello Mastroianni protagonizó dos películas suyas: El apicultor (1986) y Le pas suspendu de la cicogne (1991). Entre estas dos películas conoció a Tonino Guerra, con el que trabajó en Paisaje en la niebla (1988) y La mirada de Ulises (1995), drama ambientado en los Balcanes y protagonizado por Harvey Keitel que consiguió el Fipresci en Cannes y el Goya a la Mejor Película Europea. En 1998, Angelopoulos recibió la Palma de Oro del Festival de Cannes con la película La eternidad y un día, que marcó un giro en su obra hacia un cine menos épico, más íntimo.

También participó en Lumiere y compañía (1995), rodando un episodio junto a, entre otros, David Lynch, Spike Lee, Peter Greenaway, Vicente Aranda y John Boorman.

En 2004 se embarcó en la realización de una nueva trilogía, esta vez relacionada con eventos de la historia reciente de Grecia. Había filmado las dos primeras: Eleni (2004) y El polvo del tiempo (2008), y estaba trabajando el la última que terminaría la serie, El otro mar, al ser atropellado y morir a causa de las lesiones.


Fuentes: Página/12, The Guardian, The Telegraph, Página oficial de Theo Angelopoulos.


Archivo: Info DAC N°77

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